No se trata de tropezar con un culpable. En ocasiones toca morir, igual que lo hace el viento cerca de los acantilados. Nací cuando pude, crecí como quise, me transformé en lo que me dejaron ( con mis medias verdades y mis eternas mentiras). Después intenté nacer otra vez, para reinventar lo vivido y crecer ó no ¡ vaya usted a saber ¡
Más tarde y en las distancias de los versos, apareció un sueño en las noches de insomnio, para enseñarme a bailar en los cajeros, a utilizar las habitaciones de hotel, a tropezar con las barras de los bares, para enfrentarme al espejo, para que no todo me diera igual, para enseñarme a vivir y amar.
Permanecí a tu lado sin pedir, ni un reloj, ni una palabra, triste realidad. Tenía razón el sabio; amar era el verbo más bello. Ahora te marchaste y no te vas, ahora no puedo ni contigo ni sin ti, ahora no crees mis mentiras y deseas mis verdades, tanto como yo las tuyas. Ahora quiero tirar todo por la borda pero sin soltar nada, ahora perdí mis poderes, hasta los de escribir. Ahora ya no parpadean los teléfonos, ni siquiera cuando pago la cuota. Ahora las estrellas brillan de día para ser fugaces en la noche. Ahora se convierten mis palabras en un mal relato disfrazado de poesía.
Dejar volar a un pájaro sin alas, es como cuando llego tarde al avión, acaso tengo yo la culpa de que adelanten los vuelos que nunca puedo coger. Yo llegue y saque mi billete, pague por los recargos de las maletas y después han decidido adelantar los viajes, pero... que culpa tengo yo?
Solo me quedan las fotos que he realizado en mi mente para intentar no olvidar ninguna de las escenas que nunca han ocurrido.
Ahora ya no puedo parar de querer contar lo que cuento.



