En los últimos días he escrito tanto que he tenido que borrarlo. Lo he escrito sin tinta y sin teclado, todo absolutamente todo en mi lucidez. Donde digo unas veces que sí y otras no digo nada. He descubierto un nuevo yo, el de verdad, el autentico, llevo tanto tiempo escociéndome de los demás y de mi mismo que no sabía como era. Ahora lo sé y no me gusto. Es tan difícil decir esto pero a mi, un tipo como yo nunca me gustaría. Así que no sé porque te gusta a ti. Y mucho menos yo me enamoraría de un cobarde tan juicioso como yo.
En los últimos días no hago más que decir “lo siento”y “perdona” a todo el mundo menos a quien se lo tengo que decir. Sigo hablando y replanteando mi lapso de una forma muy paradójica, oculto cosas para seguir contando medias verdades, sabiendo que siguen constando más de cien farsas que no valen ya la pena.
En los últimos días, ya no soy capaz de recordar a mi corazón bombeando despacio; cada vez lo hace más deprisa, dando lugar a un mal entendimiento entre yo y mis venas cargadas de sangre tediosa de existir. Líquido vital este, que se quiere remezclar con el mundo para integrarse en el, y así poder sentir el alma que revendí.
En los últimos días, cuando respiro me duele. Dolor que puedo soportar, no se hasta que más tiempo. Dolor que se cansa de doler para volverse en algún momento mal estar ingeneral. Estado físico deformado de mí mismo, que es una de las principales razones, de desmantelar mentalmente lo acordado.
En los últimos días, he creado ante el espejo un nuevo personaje, que ya no me grita ni me dice lo que tengo que hacer, ahora a este le puedo mirar a los ojos; pero no dice nada, simplemente me mira, levanta los hombros y pone cara de extrañarme, de no conocerme.
En los últimos días, me he puesto muchas mas barreras de las que tenia, para poder terminar con el inicio de mis batallas nunca perdidas. Soy el alfeñique de los sinsabores de tu risa; aquella que era con melodía y que ya no escucho porque yo la he roto.
En los últimos días, he castigado a mis zapatos, para que no puedan salir del zapatero y así no tener que limpiarlos cuando llegue a casa. También le he quitado los cordones a las zapatillas para impedir que puedan huir de mi armario sin contarme a donde va.
En los últimos días, estoy intentando remendar los errores cometidos en treinta años, y al final lo que haré será cometer uno mucho más grave, al que temo, el que me da miedo, el que habla de perdidas, pero ya no de la dignidad, sino de la densidad.
En los últimos días, pienso mucho en mi número 37, porque quiero ir a buscarle, ahora lo tengo claro, ahora sé que tengo que encontrarlo si quiero resurgir de las cenizas de “ave fénix” y transformarme en los que soy de verdad un “Caronte” sin barca.
¿Serán estos mis últimos días?